Hay un primer paso que realizar antes de volcarse en ayudar a los demás y, sin duda, puede parecer algo incoherente dado que se trata de convertir la humildad en egoísmo sano, eligiéndote a ti mismo.
Muy pocas personas educadas en la cultura judío-cristiana pueden realizar esta elección sin sentirse culpables. Lamentablemente hay algunas creencias en la tradición de nuestros padres y abuelos que nos empujan hacia una humildad paralizante donde los hijos, las parejas y un largo etc. de individuos de nuestro entorno, más o menos cercano, van siempre primero en la lista de personas que necesitan nuestra ayuda, nuestro apoyo y nuestros mimos. Yo misma llevo más de 30 años dedicándome a los libros de Autoayuda y en mi día a día profesional leo y releo la afirmación motivadora: «Elígete a ti misma» y seguramente vivo en la ilusión perenne de estar eligiéndome cuando en realidad sigo siendo la última de mi lista de “tareas”, la que siempre se queda sin pastel en los cumples, la que ve series que no le gustan para primar la elección de otros, la que recuerda todas las fechas importantes de los demás y olvida las propias. Hasta minimizo mis logros para que las personas a mi alrededor se sientan más cómodas y realizadas ellas mismas. Son muchísimos los autores de Autoayuda que, en sus obras, nos recuerdan la importancia de elegirnos y de actuar cualquier transformación desde nuestro interior, aunque me encanta la propuesta de Byron Katie, autora del libro “El Trabajo” entre otros, porque implica esfuerzo.
Katie, una mañana, desde las profundidades de su depresión, tuvo una revelación que cambió por completo su vida. Entendió que cuando creía que algo debería ser diferente de cómo era («Mi pareja debería ser más cariñosa», «En el trabajo deberían valorarme más», «Mi hija debería ayudarme en casa») ella se sentía muy frustrada y que, por otro lado, cuando le parecía que todo encajaba, sentía mucha serenidad. Comprendió que la causa de su malestar no eran los demás, sino lo que ella creía respecto a ellos. En su repentino despertar interior, en su particular epifanía, Katie entendió que su esfuerzo por encontrar la felicidad estaba mal enfocado: en vez de intentar, inútilmente, cambiar el mundo para ajustarlo a sus pensamientos de cómo «debería» ser, podía cuestionar sus creencias y, aceptar la realidad tal como es.
Katie entonces desarrolló un método poderoso llamado “El Trabajo”, que con un poquito de esfuerzo diario permite a cualquier persona alcanzar esta transformación y llenarse de amor por todo lo que la vida aporta.
Si con un poquito de esfuerzo diario tú también pudieras combatir la frustración y vivir en paz contigo misma y los demás, ¿lo harías?
Recuerda que muchas veces leer un libro de Autoayuda no es suficiente, hay que llevar sus enseñanzas a la práctica y superarse en la vida cotidiana.

