La Princesa que Creía en los Cuentos de Hadas
Me regalaron este libro tras una decepción amorosa. Es un tópico, correcto por cierto, dado que es una obra que ayuda a superar una separación haciendo hincapiés en la necesidad de ver al otro como realmente es, sin idealizarle ni inventar a otra persona (con fantasías, expectativas que nunca se cumplen, estériles comparaciones… y un sinfín de artimañas muy contemporáneas y tóxicas que causan un daño profundo al amor auténtico). Este libro me enseñó que no necesito ser rescatada por nadie, que debo aprender a separar la ilusión de la realidad, a dejar de pensar que mi paz o bienestar dependan de otros y a no idealizar a las personas, las parejas o los hijos, a quererlos tal como son tan perfectamente imperfectos como yo misma. La princesa que hay en mí ya sabe, a día de hoy, que el amor verdadero no se nutre de confusión, posesión, limitaciones y sobresaltos sino que es un sentimiento que proporciona serenidad del corazón y crecimiento interior.
¿Dónde Están las Monedas?
Leí este libro en 2006 estando embarazada de mi primera hija. Me lo recomendó una osteópata francesa y fue mi primer acercamiento a las Constelaciones Familiares y a las enseñanzas de Bert Hellinger. Me pareció una lectura imprescindible en ese preciso momento antes de dar a luz porque me estaba costando asumir mi historia familiar y tenía que comprender mejor el vínculo que me une a mis padres. Aceptar las monedas que nos regalan nuestros padres, respetar su legado familiar con toda su carga de alegría y sufrimiento ha sido fundamental para mi crecimiento interior. A la medida que aprendía a honrar todas las jerarquías de mi linaje descubrí que debía poner límites a mis ganas de arreglar la vida de los demás y a meterme donde no me llamaban. Este libro me enseñó a controlar mi osadía de cuidadora todopoderosa y no asumir tareas que son de otros, mis padres, mi pareja, hijos o amigos… Reencontrar mi centro y mi lugar fue un regalo, tan bien recibido como las monedas que me dieron mis padres.
El Caballero de la Armadura Oxidada
Gracias a este libro que leí por primera vez en el año 2000 aprendí a cuestionarme la necesidad de protegerme frente a la vida. El caballero, protagonista de esta fábula, lleva una pesada armadura que le defiende como un escudo. Esta protección es una barrera que eligió ponerse por miedo al sufrimiento o al dolor que un dragón o cualquier otro enemigo pudieran causarle. Constantemente trazamos fronteras, elegimos máscaras, construimos muros y vallas para protegernos de lo desconocido que inexorablemente nos sorprende a la mínima que bajamos la guardia.
Vivir sin armadura, peligrosamente expuesta a la intemperie de la vida, es, sin duda, una elección audaz. Este libro me enseñó a ser valiente y me hizo comprender que cualquier tipo de coraza que escojamos para protegernos, se puede convertir en la jaula que nos aleja de nosotros mismos y de una vida llena, donde lo bueno y lo malo, la alegría y el sufrimiento conviven en armonía.

